Mark Rothko, la espiritualidad del color

Publicado el 3 Nov, 2014 en Elegidos

¿Cómo es posible la atracción entre los espectadores y un pintor con las escasas combinaciones de una paleta de colores fríos y cálidos, claros y oscuros, tonos y texturas?

Los cuadros de Rothko se basan en figuras geométricas simples -rectángulos-, que no son líneas perfectas, sino bordes difusos de las manchas de color, que no tienen un eje horizontal común. Rothko explora el potencial expresivo de campos rectangulares de colores luminosos que parecen flotar sobre la superficie del lienzo.

Rothko expresó sus pinturas con grandes campos de color. Pintaba bruscamente campos de diversos colores explorando la escala, la profundidad y el equilibrio, empleando exageradas pinceladas, el uso de la línea, la textura y la luz.

Rothko fué capaz de despertar sentimientos a través de los colores de sus cuadros, llenos de vibraciones flotantes, manchas de calma suspendidas en grandes soportes, apariencias que pretenden envolver al observador,  en inmensos espacios de espiritualidad donde escuchar el silencio, sumergiéndole  en una sensación emocional interminable. Sus cuadros de gran intensidad espiritual, consiguen seducirnos con una gran fuerza emotiva, invitándonos a su contemplación, donde el color es capaz de producir emociones profundas y sobrecogedoras.

Mark Rothko concebía sus obras como dramas, como la representación de una tragedia sin tiempo. No le interesaba la relación entre color y forma. Sólo le interesaba expresar las emociones humanas más elementales. La tragedia, el éxtasis, la fatalidad del destino. “El arte es para Rothko una anécdota del espíritu y el único medio de concretar el propósito de su variada viveza y quietud”, donde huir de la representación para tener mayor lucidez. “Eliminar todos los obstáculos entre el pintor y la idea y entre la idea y el observador”. Mientras la crítica lo alababa como artista sensual y colorista, para él, el lienzo representaba una violenta batalla de opuestos —vertical frente a horizontal, color cálido frente a frío— invocando así los conflictos existenciales del mundo moderno.

Su obra supone, tanto a nivel teórico como práctico, la culminación del camino de la abstracción y la no-objetividad emprendido a principios del siglo xx por Kazimir Malévich y Wassily Kandinsky, y continuado luego por El Lissitzky, Piet Mondrian y Theo van Doesburg, entre otros. Esto a pesar de que Rothko no se considerase a sí mismo un pintor abstracto.

Las Pinturas de negro sobre gris (Black on Grey Paintings), que Rothko inicia un año antes de suicidarse, confirman su creencia de que su obra encerraba una tragedia. Denominadas por el mismo artista como Sin título, estas pinturas son, al mismo tiempo, comienzo y punto de inflexión en su carrera.

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